Bajo el sol de la frontera, las cuadrillas de la JMAS maniobraron entre el ruido de las máquinas y el polvo del parque industrial. Ángel García supervisaba cada tramo de la nueva tubería, mientras el equipo removía la tierra para jubilar el drenaje viejo.
Fueron dieciséis metros de material moderno los que instalaron sobre la calle Río Bravo para que el agua fluya sin broncas. Entre palazos y el olor a cemento fresco, los trabajadores sellaron la zanja, asegurando que las maquilas cercanas tengan un servicio eficiente.
Al final del turno, el equipo dejó todo nivelado y listo para que los de bacheo dejen el pavimento como nuevo. La zona recuperó su ritmo habitual, pero ahora con una infraestructura fuerte que aguantará la carrilla por muchos años más.



