El aroma a café recién hecho y el eco del mariachi llenaron el ambiente en la descentralizada. Entre risas y abrazos, las madres de la JMAS pausaron sus labores para recibir un merecido reconocimiento.
Bajo el fuerte sol juarense, el salón se convirtió en un refugio de convivencia. Hubo karaoke, dinámicas y obsequios que sacaron chispas de alegría, fortaleciendo los lazos de esta gran familia fronteriza.
Las trabajadoras agradecieron este espacio que rompe la rutina diaria del servicio público. Con este gesto, la institución resalta el esfuerzo de quienes equilibran el hogar y el bienestar de nuestra comunidad.



